Si mirás solo si ganás o perdés, vas a tardar meses en saber si tu método sirve — y probablemente saques la conclusión equivocada. Hay una medida mucho más rápida.
Imaginá que hiciste 50 apuestas y vas arriba. ¿Es porque tu método es bueno o porque tuviste suerte? Con 50 apuestas, es imposible distinguirlo. Los resultados individuales son tan variables que hacen falta cientos o miles de apuestas para que el ROI signifique algo.
Nos pasó: encontramos una estrategia con +7,2% de ROI en un backtest. Suena excelente. Pero eran 79 apuestas, y el margen de error a esa escala es más grande que el resultado. No se puede concluir nada.
La línea de cierre es la cuota justo antes de que empiece el partido. Es la más informada que existe: para ese momento el mercado ya absorbió las alineaciones, las lesiones de último momento, el clima y el dinero de todos los que apostaron.
Por eso sirve como referencia. Si apostaste a 2.10 y el partido cerró en 2.00, compraste más barato de lo que el mercado terminó considerando justo. Esa diferencia se llama CLV (closing line value, valor contra la línea de cierre): en este caso, +5%.
El CLV compara precios, no resultados. Un partido lo ganás o lo perdés — eso es mitad azar. Pero el precio que conseguiste es un hecho, se sabe antes de que ruede la pelota y no depende de la suerte.
La regla: si tu CLV es consistentemente positivo, estás comprando bien y el resultado te va a acompañar con el tiempo. Si es consistentemente negativo, estás pagando de más — y ninguna racha buena lo va a arreglar.
No da lo mismo contra qué medís. El promedio de todas las casas incluye algunas con precios malos, así que superarlo es fácil y no prueba gran cosa.
Nos pasó exactamente eso: una estrategia nuestra daba CLV positivo contra el promedio del mercado. Al medirla contra el cierre de Pinnacle —la casa de referencia, la más afinada— el mismo CLV daba negativo. La estrategia no le estaba ganando al precio real; le estaba ganando a un promedio flojo.
Medí siempre contra la casa más afilada que tengas a mano, no contra el promedio. Es más exigente, y es la única comparación que te dice la verdad.
Y si el CLV te da negativo de forma sostenida, la buena noticia es que sabés qué arreglar sin tener que mejorar tus pronósticos: conseguir mejor precio.